miércoles, 19 de abril de 2017

Escribe un relato en forma de carta.

Querido tú, que fuiste junto a mí un nosotros,

Hoy te escribo porque necesito decirte cuánto ha cambiado mi vida desde aquel momento en que toqué fondo. Necesito decirte que logré resurgir de mis cenizas, que actué como un ave fénix que vuelve a emprender el vuelo. Necesito que sepas que mi vida ya no es igual, que la cambié, la mejoré.

Tampoco recuerdo muy bien cómo sucedió todo esto, qué fue lo que me llevó a estar aquí; aquí donde me encuentro ahora y el lugar de donde salí.Creo que no se trató de un instante, de un momento concreto. Creo que fue el tener la seguridad de que te habías marchado, de que no volverías. Ahí fue cuando verdaderamente me di cuenta de que mi vida ya no te pertenecía y que tu mirada ya no volvería. Supe en ese momento que todo había terminado y que lo nuestro, tal vez, había durado demasiado. Siempre sentí que fuimos instantes, instantes de deseo, de pasión, de amor, de esperanza, pero instantes, al fin y al cabo. Y los instantes no son eternos, tienen fecha de caducidad.


Tardé días en levantarme de la cama y probar bocado. No quería comer si no eran tus besos la melodía de mis días. No quería levantarme sabiendo que no estarían tus brazos para protegerme. Y, el día que conseguí poner el punto y final y salir de casa, qué inocente fui aquel día, solo caminaba con la esperanza de encontrarte detrás de cada esquina. Mis pasos me llevaban hasta tu portal. Mi mirada te buscaba alli donde algún día nos comimos la boca como dos bestias salvajes. Pero no estabas. Y tu olor... esa fragancia que impregnaba toda mi ropa y junto a la que, a escondidas, dormía cuando te marchaste, queriendo atraparte, quedarme con un pedacito de ti, de algo tuyo, intentando acordarme de lo que fue nuestro.

Entonces, cuando aspiré tu olor aquel día, en aquella esquina donde lo tuvimos todo; comprendí que jamás volverías y que tal vez estábamos destinados a ser fuego un instante para ser hielo el resto de nuestras vidas. De repente, te vi. Te vi llegar. Ahora era otra quien sujetaba tu mano. Pero no eras tú, no era tu risa la que se oía ni era tu olor el que lo envolvía todo. No eras tú, eras alguien disfrazado de lo que un día fuiste. Estabas tan roto como yo.

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